Uno de los mensajes más antiguos basados ​​en el miedo que la propaganda intentó imponer, son los anuncios contra la marihuana.

El mensaje era casi siempre el mismo: ¡esto es veneno! o, la marihuana es la “droga de entrada”. Algunas ilustraciones mostraban como es tu cerebro normal vs. como es bajo la influencia, y miles de otras propagandas intentaban perforar consciente o inconscientemente las mentes con un mensaje negativo hacia esta sutil planta.

Lo raro es que, habiendo tanto mal por combatir en el mundo; ¿por qué el objetivo principal era en contra de la marihuana? La respuesta es casi siempre la misma: por plata.

Hay una teoría que cuenta que a principios del 1919 un invento de la mano de Geroge Schlichten llamado “Decorticador de cáñamo” iba a cambiar el mundo de las telas y géneros. Mediante el uso de esta nueva tecnología, la planta de cáñamo generalmente ignorada sería un competidor para el algodón mucho más barato de producir.

No mucho después, la propaganda contra el cáñamo comenzó a surgir en masa. Los mayores productores de algodón se unieron para crear estos afiches e ilustraciones que después aparecieron en los quioscos con el mensaje diabólico sobre los efectos de la marihuana y como afectaba a la clase baja que, según ellos, eran los mayores consumidores. Esta claro que la guerra era contra el cáñamo, no contra la marihuana, pero la solución fue defenestrar los efectos del cannabis con tal de que su uso como producto industrial quede imposibilitado.

Después se la agarraron con los inmigrantes mexicanos, supuestamente adictos a esta planta que los hacia violar y matar mujeres blancas bajo sus efectos. La policía en Texas salió a afirmar que la marihuana incitaba crímenes violentos y que le daba a sus usuarios una fuerza sobrehumana, como superheroes pero del mal.

William Randolph Hearst, magnate de imprentas de periódicos, era parte de esta organización ya que el cáñamo podía reemplazar también la producción de papel, lo que hubiese sido fatal para su negocio. Por qué no adoptó este producto en vez de hacer una campaña anti-cáñamo es algo que nunca entenderemos.

La campaña de desinformación de Hearst comenzó a difundirse con velocidad y todo el mundo creía estas historias de inmigrantes enloquecidos por culpa de la marihuana.

Por esa misma época, un joven empleado del gobierno llamado Harry Anslinger vió una oportunidad. Anslinger era un emprendedor con aires publicitarios que entendía que nada une a las personas tanto como el miedo y así, crearon un plan colectivo para demonizar la marihuana.

Anslinger terminó siendo director de la Oficina de Narcóticos por 30 años, lo bien que le salió. Con la ayuda de Hearst y otros, Anslinger continuó impulsando la propaganda que distorsionaba los hechos y los reemplazaba con miedo.

De ahi en adelante, miles de videos y publicidades gráficas inundaron Estados Unidos y el resto del mundo con mensajes diabólicos sobre la marihuana que al ver hoy en día son por lo menos cómicos y ridículos. Lo peor, es que la historia cuenta que Anslinger, antes de asociarse con este grupo anti-cańamo, dijo más de una vez que no había falacia más grande que la que demonizaba a la planta de cannabis.

Por suerte la información mata a la desinformación y si bien hoy podemos ver algunas mentes bien cerradas que continúan esparciendo el mensaje demonizador, los usuarios cuentan con mucha data que permite sacar propias conclusiones sin usar la propaganda, ni el miedo como epicentro.

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